Este septiembre se ha cumplido un año desde la primera convocatoria de las reuniones informales de clásicos en Montjuïc, junto a la entrada del antiguo parque de atracciones (ver auto reflexiones nº 4). Desde entonces cada último sábado de mes han acudido en torno al medio centenar de vehículos, incluso en pleno agosto, y su personal accesorio: mods, rockers, pijos, horteras, quemados, curiosos, despistados, foreros, valencianos de paso hacia Huesca... hasta dos rusos que no sabían exactamente que hacían allí (vinieron engañados). El record de coches -setenta y dos- se batió el día que aparecieron una docena de Escarabajos siguiendo a su flautista de Hamelín motorizado (en realidad, guitarrista y comprador compulsivo de 600). Estos últimos servidos en todos los gustos y sabores posibles: prehistóricos N, descapotables D, limusinas 800, formichetas Costa y Siata; también 850 Sport Coupe y Spider -alguno Fiat- y hasta un 850 Especial full equip de la época, es decir con baca y cojín de ganchillo, e incluso 133, 127 y Fura. Sin salir del género chico, Mini Cooper 1300, Autobianchi A 112 Abarth, Simca 900, 1000 y Rallye...
Y aparte de insectos ¿qué es lo que se ha pasado por Montjuïc a lo largo de este año? Pues absolutamente de todo, y mucho. En la cosa seatosa no faltaron 124, 1430, una manada de FU y algún FL, un imponente 132-2000 y sus rivales Grandes de España: un Ford Granada y un par de Dodge villaverdianos. En la secta del rombo, un 4/4, varios R-8 -prístino uno de ellos y en venta por tropecientas mil- y todos los R-5 calientes: Copa, Copa Turbo, Copa Turbo GT y hasta dos Turbo 2 gordos con motor central. La armada chevronada con 2CV, naturalmente, pero también C-8, GS, CX, BX y un XM, el último Citroën auténtico antes de la peugeotización total de la marca.
Entre los coupés industriales los Manta se llevan la palma con cinco (bueno, cuatro y un resto de Opel bajo espesa capa de tuning); los Capri, aunque en menor número, tampoco les van a la zaga, como los Seat y Fiat 124 Sport y Spider. Omnipresentes los americanos del grupo del AMCCC con media docena de sus paquebotes: Buick Century y Chevrolet Impala cincuenteros, Chrysler 300 HT 440, y Trans Am y Camaro abrasadores de goma. Más maquinaria pesada los Land Rover, tres o cuatro de varias añadas, y caballería ligera Montesa Impala, Ducati, BMW, Triumph, Norton, Harley… Como tornillería exótica un puñado de Alfa Romeo (75, Sprint y GTV en sus diversas declinaciones) y Lancia Delta Integrale; toda la Porschestrasse (911, 912, 924, 928 y 944); selecta crema inglesa Jaguar XK 140, XK 150 y E-Type -éste, el otro coche de un doscaballista-, e anche una Ferrari 328.
Tribu todavía minoritaria -son tres o cuatro-, los Piston Tikis, luciendo look y estilo sesentero: Volvo Amazon, Opel Rekord P2 y Ford Taunus 17M. Moderneces y recreaciones varias: VW Corrado, Honda CRX, BMW Z7, MG F, Mini One, VW New Beetle. Y antiguallas totalmente antiguas como un MG TA y un Citroën Traction. Pero lo más raro no fue el piojoso Simca 1200, ni el elitista Lotus Elan, ni el pizpireto Biscuter, ni la hacendosa furgoneta DKW, ni siquiera el ochentero Rover Vanden Plas 3500 sino algo que sólo nos habíamos figurado en sueños ¿te imaginas ver aparecer uno? Pues si. Fruto de un mal tripi, símbolo de la decadencia industrial británica, ahí estaba, con su volante ovalado, su peluquín de vinilo y su estética torturada: un Austin Allegro. Si esto no es la globalización cochera que baje san Henry Ford y lo vea.
Manuel Garriga
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