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AUTOREFLEXIONES, por Manuel Garriga
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AUTOREFLEXIONES    VERSIÓN PARA IMPRIMIR
[ archivo ]   -  AUTOreflexiones 1   -   Diciembre, 2001

Lo que en este país -y en algunos otros- se conoce como el mundo de los clásicos es, más que mundo, un verdadero universo repleto de sistemas planetarios, estrellas lejanas y remotas galaxias donde habitan civilizaciones desconocidas con formas de vida sobre las que apenas sabemos nada. Los pobladores de este particular planeta tienen en una serie de vehículos los referentes culturales, mayormente estéticos, que han marcado su infancia, adolescencia y juventud. Y ahí topamos con el tan cacareado abismo generacional. Lo que atrae a quienes andan entre la veintena y la cuarentena, y que poco a poco se ha ido haciendo con el status de objeto -no siempre- rodante digno de ser coleccionado, es un abanico de modelos bastante concreto. Cuántos de ellos ven en cualquier coche con faros separados sobre los guardabarros y radiador vertical -tipo Ford T, para entendernos- algo simplemente antiguo, sin más, y les costaría horrores distinguirlo de un modelo A (hablo en general, que nadie se sulfure.. todavía). Y al mismo tiempo, no tendrán ninguna dificultad en señalar las diferencias entre, por ejemplo, un Citroën Dynam y un C-8.

Bien, todo esto es normal. No pueden sentirse emociones ante un objeto que no nos sugiere ninguna en especial porque no figura en nuestro particular universo cultural. Si no indiferencia respeto, mas no atracción. Hay que apelar a la llave de la curiosidad para abrir la puerta del conocimiento. Con el tiempo y el cultivo de la afición, remontándonos a las fuentes, llegamos a descubrir, entender y apreciar otras realidades y otros conceptos distintos de los que nos eran propios. Y al igual que, apáticos en la clase de literatura del instituto, descubrimos la solidez de Valle Inclán mientras suspirábamos por leer a Moebius, hemos aprendido a valorar estos fósiles mecánicos que tanto sugieren a nuestros padres y abuelos, y que siempre nos dejaban algo fríos. El proceso es lógico: no se pueden entender figuras como Alzamora, Checa y Crivillé o Alonso, De la Rosa y Gené sin remontarse a los Bultó, Giró y Sanglas, ni éstos olvidando a los Ricart, Mateu o Elizalde, por no mencionar a Bonet. Unos son sucesivo producto de los otros como nosotros lo somos de nuestros antecesores.

No todo, pues, va a ser mera pulsion estética. Esta cuestión me ha llevado a mantener polémicas interminables con un amigo y colega de página -tan clásico que hasta tiene nombre clásico-, incapaz de apreciar el distingo subyugado como está por los procelosos meandros de la técnica pretérita. Y eso que en la fundación del FLAPE (Frente de Liberación de Automóviles Populares Españoles) lo designamos oráculo máximo del asunto. En el fondo todo consiste en saber convivir. El fanático del 2CV, del Lancia Beta o del Simca 1200 TI debe entender que el señor del Bugatti, del Panhard-Levassor o de la Terrot de correa tiene mucho que explicarle pues ahí están sus ancestros. No se puede explicar Oasis sin los Beatles, ni los de Liverpool sin Elvis, ni el King sin John Lee Hooker y los viejos maestros del blues. Y si ni así consigo hacerme entender, mejor me voy con la música a otra parte.

           Manuel Garriga       FORO CAPRI CLUB MADRID

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