Desde principios de los 80, cuando se empezó a ver el Capri MK III en España, quise tener uno, concretamente el 2.8i. Y, hace un par de años, decidí que era el momento de comprar uno. Mi primera sorpresa fué el precio; no era tan barato, existía cierta demanda que hacía que los precios no fueran tan bajos como yo esperaba. La segunda fué la afición que existía entorno al Capri, tanto a nivel nacional, como europeo, sobre todo en Inglaterra. A esto se le añadía que a través de Internet se puede pedir ayuda, consejos e incluso conseguir piezas que en los concesionarios resulta imposible. Tras unos meses de búsqueda, encontré uno que realmente me gustó. Un 2.8 del 81, gris oscuro, totalmente original, que me pareció estaba impecable. En el último año, ha pasado en repetidas ocasiones por el carrocero, el tapicero y el mecánico porque, a pesar de estar en muy buenas condiciones, siempre encuentro detalles que arreglar, algo normal teniendo en cuenta que el coche tiene más de 20 años. Actualmente he dado por concluida la restauración, y espero disfrutarlo en este estado muchos años.