"El Capri de la insignia roja". Lo encontré abandonado en una calle, no arrancaba y estaba dado de baja. Tras dar con el dueño lo compré y lo di de alta. Anduve con él a diario durante más de un año, sin hacerle más arreglos que la bomba de gasolina y el embrague. Una vez comprobé que el coche iba bien, me decidí a llevarlo a un chapista conocido para que lo reparara sin prisa. Después de un alto de casi 2 años, lo llevé al tapicero. Y todo ello sin pasar por el mecánico porque el motor no he tenido que tocarlo todavía, excepto cambiarle las juntas de las tapas de los balancines, a pesar de que este coche cuando yo lo compré había pasado ya por 5 manos diferentes. De todas ellas, estoy seguro que sólo le han cuidado la primera por la que pasó en su día y la ultima, que es la mía. Por fin, a la calle a disfrutar de él. Ahora le dedico el tiempo para sacarlo de paseo y buscar alguna que otra pieza. "Animaros vosotros tambien", os lo dice 'El Capri de la insignia roja'.