Mi afición llegó con 15 años. En la parte alta de mi barrio dejaron un 2.8i abandonado (ineptos), y era un
magnetismo cada vez que pasaba por su lado. Me quedaba sin sentido, era mi talismán, mi amigo, un buen
compañero. Hay que luchar por ellos, por los potrillos del emblemático Mustang. Mi agradecimiento para Laura, mi mujer. He puesto su nombre a un Capri, porque ha conseguido aguantar lo inaguantable.