Juntos desde 1996, el 2.8i y yo hemos asistido desde entonces a muchos actos cruciales (así, como suena) absolutamente agradables y no tanto, eventos más o menos importantes, reuniones de personas y automóviles, ferias, lugares y un largo etcétera, aunque lo que nunca pude imaginar es que algún día fuera él el que sostuviera serena y firmemente a mi hija Ana. Puede sonar algo poético, lo sé, pero es algo que quería ofrecera la pequeña. Ojalá, en el futuro, ella decida disfrutar con este coche más si cabe que yo y se cuiden mutuamente durante muchos, muchos años.